
La pandemia y el largo confinamiento por COVID -19, presenta la paradoja que suele envolver a las situaciones complejas. Por un lado protege del riesgo de contraer el virus, pero a la vez expone al desequilibrio emocional.
Podemos pensar a la estabilidad emocional como la capacidad de adaptarse a distintas situaciones, regulando el impacto que pueden generar sobre nuestro estado anímico. La estabilidad emocional, favorece al sentimiento de bienestar general, pudiendo llevar a cabo un proyecto personal sostenido en el tiempo.
Por el contrario el desequilibrio emocional, genera desadaptación , inquietud, y dificultad para elaborar y/o sostener en el tiempo planes trazados con anterioridad.
Según los distintos modos de desequilibrio también pueden afectar las funciones cognitivas. La memoria a corto y largo plazo, la atención, concentración, la capacidad para planificar, como también la toma de decisiones, pueden verse vulneradas.
Esta crisis impone un cambio profundo e inesperado en la vida personal, produciendo en muchos casos un quiebre en un camino trazado
La pandemia, nos enfrenta a todos las personas, sin distinción a una crisis. La RAE, define crisis, como un cambio profundo y de consecuencias importantes en un proceso o una situación, o en la manera en que estos son apreciados. La manera de apreciar o significar una situación va a determinar la manera de vivirlo. Esta crisis impone un cambio profundo e inesperado en la vida personal, produciendo en muchos casos un quiebre en un camino trazado


