
El vínculo padre- hijo/ madre-hija/ madres/padres-hijes es una construcción más allá del lazo de sangre. Los enojos, entre los adultos jóvenes y sus padres , o las diferencias, incluso los conflictos que puedan presentarse son parte de todo vínculo que permanece en el tiempo. Las características de ese vínculo va a posibilitar con mayor o menor facilidad el despegue del hijo desde la dependencia paterna hacia la independencia .
Las características del vínculo, entre los adultos jóvenes y sus padres se vera influenciado , por ambas personalidades . También la historia personal, y las circunstancias vitales le darán la complejidad a este tan importante vinculo.
Claro, que el crecimiento de los hijos es movilizante para todos y exige el replanteo de las funciones. Sin duda los padres/madres siempre lo serán, aunque sean abuelos.
Algunos aspectos que suelen confundir a ambas partes, dificultando el reconocimiento de SER todos adultos, se presentan cuando:
- Persiste la total dependencia económica por parte de los hijos
- Se permanece en el hogar familiar
- Algunas de la partes busca imponer en el otro, una idea , creencia o modo de vida.
No suele ser fácil “entender” a los padres, cuando como hijos se está enfocando toda la energía en la construcción de la propia identidad adulta. Instalarse en el mundo adulto, requiere de mucha energía exigida por el proceso de madurez y adaptación a una nueva etapa.
Tal vez, parte del proceso de crecimiento , sea empezar a preguntarnos qué es lo que nos enoja tanto cuando sentimos que no podemos entendernos. Poder diferenciar cuánto tiene que ver este enojo, con el proceso de despegue que nos cuesta a ambos. Podríamos descubrir que es la manera que encontramos para realizar un corte y empezar a reencontrarnos como hijos adultos jóvenes y padres en camino a la vejez.
La vida es una sucesión continua de cambios: neurofisiológicos, intelectuales, afectivos o sociales. Algunos de estos cambios, son internos , nos sobrevienen y no tenemos poder sobre ellos. Otros son externos y, a veces, tampoco está en nuestras manos provocarlos o modificarlos. Pero hay otros cambios en los que trabajamos para generarlos.
Entre unos y otros, apuntamos a construir nuestra vida, tratando de integrar todos estos cambios en un todo coherente, en un proyecto de vida.
Un proyecto de vida, que hable de nosotros, con el cual nos sintamos identificados, y que nos identifique .
De esta manera, este plan o proyecto tendrá coherencia con nuestra identidad.
A medida que crecemos, y vamos madurando física, mental y emocionalmente , vamos reconociéndonos con una identidad. Pero este es un trabajo personal que lleva toda la vida, y tendrá que ver con el autoconocimiento.
La posibilidad de trabajar en nosotros mismos hacia el autoconocimiento, es tan complejo como satisfactorio. Darnos cuentas, ser conscientes de la manera en que elegimos, nos comportamos o vivimos nos ofrece la oportunidad de la libertad. Pero esto no viene dado, es un profundo trabajo personal, que muchas veces puede ser acompañado por un terapeuta.
El ser libres, no implica como a veces decimos “ yo hago lo que quiero”. No siempre el “hacer lo que se quiere “es el reflejo de una elección consciente y por lo tanto madura.
Darnos cuenta de que nuestras elecciones, están influenciadas por nuestro contexto, nuestra historia e incluso mandatos no conscientes, es el camino a la libertad personal.
Claro, que no se trata por ejemplo de negarnos a cumplir con determinados deseos familiares . Se trata de elegir hacerlo, siendo consciente de si bien podría provenir de una tradición familiar, por ejemplo, hoy día y como adulto también he elegido seguir compartiendolo. En la medida que lo eligió, y soy consciente de esto, puedo despejar mi propio deseo , del de mi familia . De esta manera la elección , se convierte en propia con todas las letras, aunque tenga mucho en común.
Por otro lado, elegir un camino distinto al de mi familia, también es una elección. Es una elección que según el caso puede generar intensa movilización en el entorno . Pero más que nunca tendremos que tener presente que todo cambio implica pérdidas y ganancias. Y a medida que crecemos , y tomamos decisiones, también asumimos que dejamos de ser niños, o adolescentes.
Ubicarnos en el rol de adulto, implica hacerse cargo siendo consciente de lo que resignamos en cada elección. Lo importante será tener claro, que el costo de las pérdidas no supere el de la ganancias en nuestro haber. O en todo caso, si así fuera podemos considerarla como una “inversión “ en la que estamos convencidos que en un tiempo tendremos ganancias.

