Cuidador y familiar

Parte 2

La persona que toma el papel de ser cuidador debe prepararse para  identificar y sostener su esfuerzo para sortear diferentes obstáculos, en beneficio mutuo.  El cuidador puede ser el cónyuge o la pareja, amigos, vecinos o familiares.

Ser cuidador es un acto potencialmente transformador en el ser humano, por ello es una experiencia única. A la vocación contraída puede añadirse de manera continua esa concordia, que a través de la historia humana fuera relegando. Es así que para algunos se transforman en una carga insoportable.  Llevándolo a situaciones psicopatológicas, más costosas y aún deshumanizándose y deshumanizando su entorno. Por  ello no todos aceptan que se los denomine con este término.

No existe  informalidad cuando se cuida a una persona durante casi las 24 horas.

Los cuidadores informales, término no aceptado por todos, ya que no existe  informalidad cuando se cuida a una persona durante casi las 24 horas. Kozima E. propone  la denominación Cuidadores Próximo, aún así por su extendida difusión utilizaremos el término cuidadores informales.

Los cuidadores informales, no reciben beneficios económicos. Destinan gran parte de las horas del día al servicio y potencialmente pueden perder los derechos adquiridos. Son estigmatizados de manera semejante al viejismo, pero a diferencia ocupa ese lugar desde el momento del cuidado. 

Entregarse al cuidado conlleva un gran esfuerzo físico y emocional no siempre jerarquizado por las personas de su entorno ni por él mismo.

Los cuidadores tienen necesidades y son más numerosos y complejas. La necesidad de información y formación para entender y hacer frente a la enfermedad, sus dificultades relacionadas. 

Entregarse al cuidado conlleva un gran esfuerzo físico y emocional no siempre jerarquizado por las personas de su entorno ni por él mismo.

Es un espacio de gran movilización desde lo personal y vital, donde se amalgama, la vida, la enfermedad, la miseria, la muerte. Lo repentino e inesperado hasta lo eterno y esperado. Se destaca, la necesidad de contención y elaboración en este pasaje para que sea un proceso de expresión madura y vital, despojándose de las señales estigmatizantes que intentan cercar. Razón de ello, el trabajo terapéutico debe adecuarse a cada cuidador en relación a la persona cuidada, junto con las personas de su entorno. 

Desde la enfermedad, el cuidador y otros integrantes de la familia pueden adoptar diferentes posturas, desde negación, rechazo, depresión como características de un duelo que se puede prologar o periódicamente asomar ante cambios evolutivos de la enfermedad.

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